¿Porqué ventilar?

Una buena ventilación es indispensable para nuestro confort y para el desarrollo de nuestras funciones vitales, entre ellos la provisión de oxígeno que respiramos y el control del aire que emitimos.

Actualmente, los edificios de viviendas se construyen cada vez más compactos y mejor aislados para evitar las ganancias térmicas en verano y las pérdidas de calor en invierno. Sin embargo, esto implica que las viviendas sean cada vez más estancas e impermeables al aire exterior.

Un edificio estanco anula las posibilidades de ventilación que tradicionalmente se han venido produciendo en las viviendas antiguas a través de las ranuras de puertas y ventanas, con la consecuente pérdida de confort y de salud de las personas que las habitan.

Una mala ventilación de las viviendas afecta a la temperatura del aire interior, su velocidad, la dilución de olores indeseables y, en especial, a la humedad ambiental. Así pues, la primera consecuencia de una mala ventilación es el incremento de la humedad ambiental en el interior de las  viviendas. El grado de humedad de una vivienda es reconocido por ser un indicador fiable del estado de contaminación de la vivienda y un dato revelador de sus necesidades de ventilación. Controlando el grado de humedad, se corrigen la mayoría de los factores de contaminación.

Los principales factores de contaminación del aire interior de la vivienda son la calidad del aire exterior, los materiales que conforman nuestra vivienda y las actividades que realizamos en ella. Controlando el grado de humedad, mediante un buen sistema de ventilación, pueden resolverse la mayoría de los factores de contaminación del aire interior de las viviendas.